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11 errores que bloquean tu escucha emocional

Escrito por  28 May 2020

Escuchar a tus emociones y atender a tu sensibilidad son dos herramientas fundamentales para el autocuidado.

Pero igual que un instrumento de medición preciso no funciona bien cuando se introduce arenilla en su mecanismo, o un motor muy potente es un peligro con unos malos neumáticos, las emociones pueden dañarnos si dejamos que estos errores, muy extendidos en nuestra cultura, nos interfieran en su lectura. 

 

ERROR Nº 1: LAS EMOCIONES “NO SIRVEN PARA NADA”

 

En nuestra sociedad frecuentemente nos enseñan que las emociones son malas, infantiles, vergonzosas, descontroladas, temibles, inútiles... ¡pero no es verdad! Las emociones son una fuente de información, como un semáforo, o la fiebre o un cartero. No nos hablan de “la realidad objetiva” sino de nuestro mundo subjetivo, que es igual o más importante. Nos dicen muy rápidamente cómo estamos, cómo nos encontramos, qué significa para nosotros una determinada situación...

 

“Si fuera objeto, sería objetivo. Pero me hicieron sujeto”

 

ERROR Nº 2: CONFUNDIR EMOCIONES CON REALIDAD...OBJETIVA

 

Tus emociones son una realidad...entre muchas otras. Es decir, son una realidad subjetiva. Esto quiere decir que nadie puede negar que tú sientes lo que sientes (desde el momento en el que lo sientes, esa emoción, como emoción, es real) pero eso no quiere decir que se corresponda con la realidad externa u objetiva.

 

Cuando tu realidad subjetiva es diferente a la objetiva, te serán de ayuda tu parte racional y el apoyo de los demás pero sólo si tienen mucha paciencia y se acercan poco a poco. El cerebro emocional es como un niño: precioso, intuitivo, sensible...pero un poco tozudo y con mucho que aprender por delante. No le vamos a llegar mucho con largos razonamientos, le vamos a llegar poco a poco con experiencias importantes que puedan darle una vivencia emocional distinta. Aunque hay un segundo problema: puede meterse en bucle y, a pesar de tener realidades que le invitan a tener otra experiencia emocional, seguir enquistado en la experiencia emocional pasada, y actuar según esa huella, provocando a veces la confirmación de sus miedos. Esto tiene una solución más complicada que pasa por psicoterapia habitualmente.

 

ERROR Nº 3: CONFUNDIR EMOCIONES CON OPINIONES

 

El lenguaje emocional se diferencia del racional en muchos aspectos: usa mucho más las sensaciones, la fantasía, sintetiza, refleja en metáforas significados que de otra manera sería muy difícil transmitir. El lenguaje racional, sin embargo, es más lineal, y es el que lleva a dar consejos, persuadir, interrogar sobre cuestiones objetivas… Pero aunque la lógica racional a veces es útil para regular las emociones no sirve si antes no ha escuchado a las emociones. Para escuchar emocionalmente no hace falta estar de acuerdo. Hace falta “simplemente” aceptar, respetar e intentar conectar con la experiencia emocional, sea nuestra o de otra persona. Sentir no es pensar, y respetar es diferente de “estar de acuerdo”.

 

ERROR Nº 4: CONFUNDIR EMOCIONES CON CONDUCTAS

 

Este error se encuentra en el origen de los actos impulsivos. Tus emociones (internas) son distintas a tus conductas (externas). Igual que puede estar nublado pero no llover, tus emociones son distintas a tus conductas. Estar enfadado (emoción) es distinto a agredir (conducta). Tener miedo (emoción) es distinto de huir (conducta)...Es cierto que cuanto más intensa la emoción, más difícil te pone no tender a tu “conducta prioritaria” (restringir, atracarte, autolesionarte, vomitar, explotar…). Pero no olvides que puedes buscar alternativas. Sentirlo no es lo mismo que hacerlo.

 

ERROR Nº 5: CONFUNDIR EMOCIONES CON PERSONALIDAD

 

A nivel cultural nos han enseñado a valorar las emociones como características de buena o mala persona. Así, interpretamos el enfado como signo de maldad, el miedo como signo de cobardía, la tristeza como signo de debilidad... Con ello cometemos dos errores: (1) Olvidar que las emociones vienen y van, identificando un estado transitorio con un rasgo permanente; (2) Etiquetar erróneamente y de forma prejuiciosa, sin escucharla, una información que sería básica para nuestro bienestar. ¡Esto es tan absurdo y primitivo como pensar que alguien está maldito por tener fiebre! No olvidemos que no somos lo que sentimos en un momento dado: sentir no es ser.

 

ERROR Nº 6: EMOCIONES “CORRECTAS O INCORRECTAS”

 

Aunque es cierto que las emociones no son “tú”, también es cierto que hablan de tu forma personalísima de interpretar las situaciones, en función de quién eres, tu historia y cómo te encuentras en el momento actual. Por eso, son personales e intransferibles y aunque se pueden compartir, hay emociones que sólo sentirás tú, porque sólo tú eres tú, con tu historia y tus circunstancias. Pensar que “todas las personas sienten básicamente lo mismo ante una situación” o que “hay una forma correcta de sentirse en cada situación” es tan ridículo como pensar que a todos nos tiene que gustar la papaya, pero lleva a muchos más problemas. Sentir emociones únicas sólo quiere decir que eres único y diferente (y todas las personas somos únicas y diferentes, ¡afortunadamente!).

 

ERROR Nº 7: JUZGAR LAS EMOCIONES

 

Muy unido a las anteriores, necesitamos diferenciar la descripción de la emoción del juicio de valor que hacemos (o nos hacen) sobre la emoción. Aunque es cierto que con algunas emociones nos sentimos mejor y con otras peor, añadir otras etiquetas negativas es injusto, genera múltiples problemas y no soluciona ninguno. Las emociones no se eligen: se viven y, en todo caso, se elige lo que se hace con ellas. Juzgarte por sentir es tan absurdo como juzgarte por respirar.

 

“Los peces nadan, las aves vuelan y las personas sentimos” (H.Ginott)

 

ERROR Nº 8: EMOCIONES DESVINCULADAS DEL CUERPO

 

Las emociones se sienten en el cuerpo, te avisan a través de sensaciones corporales (sin energías, con muchas energías, con tensión, con ahogo…) y preparan tu cuerpo para la acción que creen necesaria (descansar, huir, trabajar, luchar…), haciéndote sentir “ganas de” (llorar, gritar, volverte invisible, saltar…). También en dirección inversa: si nuestro cuerpo no se siente bien puede hacer que sintamos con más intensidad algunas emociones, o anestesiarlas.

 

Lamentablemente, como vivimos en una sociedad que tiende a separar las emociones del cuerpo, cometemos errores en varios sentidos:

 

  • A veces queremos mejorar a nivel anímico sin cuidar nuestro cuerpo y nuestro estilo de vida, que es como querer que un coche continúe como el primer día sin echarle gasolina ni hacerle las revisiones de mantenimiento.

 

  • Otras veces queremos mejorar sólo cuidando lo orgánico, por ejemplo con una medicación, o con drogas (legales o no), o con comida o con dieta… La medicación psiquiátrica sin embargo tiene sus efectos pero no hará un cambio por ti si tú no lo haces. El alcohol y otras drogas, la comida (en su formato dieta o en su formato sobreingesta o atracón) son pan para hoy y hambre para mañana: te alivian transitoriamente pero mañana tu malestar emocional será peor.

 

  • En ocasiones, las sensaciones físicas se interpretan como enfermedad orgánica. Por ejemplo, puedes creer que tienes un ataque cardíaco cuando lo que tienes es ansiedad. Puedes sentirte permanentemente cansado/a y pensar que tienes una enfermedad grave que no te detectan cuando lo que tienes es depresión....Puedes sentir dolor de la tensión corporal que tienes y en el fondo lo que sientes es un gran enfado que no has expresado…

 

Una de las peores consecuencias de esta desvinculación cuerpo-emoción es el trastorno alimentario.

 

ERROR Nº 9: CLARIDAD EMOCIONAL

 

Dada la escasa educación emocional que tenemos a nivel cultural, no es de extrañar que no aceptemos demasiada complejidad a la hora de hablar de emociones. Por tanto, la intolerancia a la ambigüedad o ambivalencia emocional es constante: nos dicen o nos decimos “o sientes una cosa o sientes otra, no puedes sentir las dos cosas a la vez”. Sin embargo, la naturaleza humana es cambiante, compleja, ambivalente, contradictoria. Y las emociones, más. Queremos y no queremos. O queremos y odiamos. Deseamos y tememos. Evocamos recuerdos gratificantes con dolor, y lloramos de alegría… Aceptar esa ambivalencia y esa contradicción paradójicamente suele ayudar a aclararse.

 

ERROR Nº 10: “TIENES QUE CONTROLAR” TUS EMOCIONES

 

Ya que las emociones contienen información importante sobre nosotros mismos, hablaremos de regulación y diálogo con ellas, y no de “control”. Controlarlas sería como intentar atarlas sin escucharlas, lo que frecuentemente no da resultado porque “gritan más fuerte”. Pelearse con la emoción sólo hace que te quedes más enganchad@ en ella y te pone en riesgo de descontrolar. La regulación de emociones, sin embargo, es como encauzar un río: no vamos a intentar frenarlo (nos arrastraría), pero tampoco vamos a dejar que nos inunde...intentaremos desviar su curso con cuidado, o hacer un molino para aprovechar su energía. La regulación pasa por escuchar las emociones, observarlas sin juzgarlas, experimentarlas sin bloquearlas ni amplificarlas. ¡Es una tarea difícil pero con resultados mucho más positivos!

 

ERROR Nº 11: IGNORA TUS EMOCIONES O TE ATRAPARÁN

 

Hay una estrategia aún más radical que intentar “controlar” tus emociones: ignorarlas, evitarlas, hacer como si no existieran. Algunas personas se vuelven auténticas expertas en este arte desde muy pequeñas (y curiosamente la investigación nos dice que suelen estar entre las más sensibles). Lo hacen porque nos da miedo el dolor que nos producen las emociones y la cultura además nos acentúa el miedo diciéndonos que si escuchas una emoción te quedarás atrapado en ella. Pero hay una diferencia importante entre “escuchar” y “regodearse en” (o alimentar demasiado) una emoción. Si las atendemos en su justa medida (ni frenarlas ni alimentarlas), las emociones vienen y van. Es como si tú fueras el cielo y tus emociones las nubes: hoy puede estar nublado, pero mañana puede salir el sol... Es verdad que las emociones duelen, pero no es verdad que no puedas soportar ese dolor. Confía en tu capacidad para soportar la tormenta. Eres más capaz de lo que crees. Y la tormenta en algún momento pasará, o se suavizará.

 

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Laura Hernangómez

Psicóloga clínica. Unidad de trastornos alimentarios de Hospital Virgen de la Salud de Toledo.

Psicoterapeuta acreditada por la Asociación Española de Psicoterapias Cognitivas (ASEPCO).

Doctora por la Universidad Complutense de Madrid. He presentado diferentes publicaciones de carácter nacional e internacional, incluyendo el libro de divulgación ¿Por qué estoy triste? Guía para afrontar la depresión (Editorial Aljibe). Colaboro en la revisión de artículos de revistas científicas en el ámbito de la Psicología Clínica.

Además de la práctica clínica y la investigación, siempre me ha apasionado la docencia; recuerdo con mucho cariño mis años como Profesora Asociada en la Universidad Complutense y como preparadora de opositores al examen PIR en el Centro Documentación de Estudios y Oposiciones (CEDE).

Twitter: @LauraHgzCriado